Antes de que el surf moderno despegara, hubo un hawaiano que ya estaba imaginando lo que vendría después.
En los años setenta, muchos surfistas dibujaban líneas largas sobre la pared de la ola. Larry Bertlemann prefería romperlas.
Apodado Rubberman por su flexibilidad y su manera de moverse sobre la tabla, el hawaiano convirtió cada giro en una expresión de velocidad, equilibrio e improvisación. Se agachaba, retorcía el cuerpo y cambiaba de dirección con una fluidez que parecía desafiar las reglas del momento.
No quería surfear como los demás. Quería descubrir qué más era posible.
Su estilo coincidió con una transformación fundamental del surf: las tablas se hacían más cortas y maniobrables, abriendo nuevas posibilidades. Junto al shaper Ben Aipa, Bertlemann exploró ese territorio con giros más cerrados, cutbacks radicales y maniobras que anticipaban el surf de alto rendimiento que llegaría después.
Pero su influencia no se quedó en el agua.
Bertlemann también encontraba inspiración en el skateboarding. Los movimientos de ambos deportes empezaron a cruzarse: los giros, los derrapes y las posiciones bajas sobre la tabla pasaban del océano al cemento y viceversa. El movimiento conocido como Bert acabaría formando parte del vocabulario del skate.
Y mientras muchos todavía estaban intentando dominar las maniobras que él ya practicaba, Larry miraba hacia arriba. Experimentó con los primeros aéreos y los llamó Larrials, imaginando un surf en el que la tabla pudiera abandonar la superficie de la ola y regresar a ella. Décadas antes de que los aéreos se convirtieran en una pieza central del surf competitivo, él ya exploraba sus posibilidades.
Quizá esa fue su mayor aportación: no inventar por sí solo todo el surf que vino después, sino demostrar que la forma de surfear no tenía por qué permanecer quieta.
Su legado no se mide únicamente en títulos o resultados. Está en las líneas que dibujaron quienes llegaron después, en la conexión entre surf y skate y en cada surfista que decide probar algo diferente en lugar de repetir lo conocido.
Larry Bertlemann no quería seguir las líneas existentes.
Quería dibujar otras nuevas.


